MANIFIESTO SOBRE LA ERA POST-CAPITALISTA
Y LOS NUEVOS MEGACAPITALISMOS

 

 

 

El escritor más influyente del siglo 20, Peter Drucker, dijo que en la década de 1970 entramos en una Era post-capitalista.

Ante las críticas recibidas, Drucker se mantuvo, pero dijo que, en todo caso, había aparecido un capitalismo popular, porque más de la mitad de los estadounidenses eran los dueños de la mayor parte de las acciones de las grandes empresas estadounidenses.

Unas décadas antes, después de la segunda Guerra Mundial, se había producido el hecho socioeconómico más relevante de la Historia: la aparición de la actual clase media en Occidente. Nunca antes había existido tanta riqueza ni estaba tan repartida ni los más ricos lo eran de nacimiento ni las empresas más valiosas eran heredadas.

Las empresas con mayor valor no se han creado con capital, sino con talento. Lo mismo sucede con las mayores fortunas que son, precisamente, acumuladas por los emprendedores que han creado esas grandes empresas. Además, las PYMEs son las que crean más bienes, servicios, riqueza, empleo e impuestos, y también suelen ser creadas con poco capital.

 

De ello, se puede inferir que el capital no es el principal factor de producción, para los bienes y servicios que necesitamos para vivir, como en un sistema capitalista. El talento es el principal factor de producción y esto define un sistema meritocrático.

De la reacción del establishment a esta nueva riqueza podemos destacar otros dos hechos históricos: la creación del macro-Estado y la creación del mercado financiero secundario o de productos derivados. En la actualidad, estos dos nuevos elementos socioeconómicos acaparan la mayor parte de la riqueza. En el post-capitalismo, la riqueza ha dejado de estar en manos de los capitalistas que creaban las empresas. En general, ni el macro-Estado ni el sistema financiero crean los productos y servicios que la mayoría puede elegir libremente para mejorar sus vidas.

El macro-Estado y el sistema financiero también tienen en común que han creado nuevos capitalismos que utilizan el dinero como factor de producción casi único. Dado que entre los dos acaparan la mayoría de los recursos, deberíamos hablar de megacapitalismos.

 

Durante la Crisis internacional de 2008, el sector público superó el 40% del PIB en Japón y Estados Unidos, y el 50% en la Unión Europea.

El macro-Estado es la mayor estructura económica y de poder de la Historia. Por eso, supone el mayor riesgo para la libertad de la población y para la justicia. Las distopías nos advierten de la posibilidad de acabar esclavizados por las instituciones y esto ya está sucediendo, en mayor o en menor medida, en las ricas democracias autoritarias occidentales.

Este elevado crecimiento del sector público ha convertido a éste en el principal cliente de una gran parte de las empresas, desestabilizando la economía y alterando las reglas del mercado. Por numerosos motivos, podemos considerar el macro-Estado como el anti-capitalismo. A la vez, el macro-Estado es el gran explotador de los trabajadores, a quienes obliga a trabajar en exceso para poder tener una vida digna, debido a la enorme cantidad de impuestos que soportan.

No siendo el capital el principal factor de producción y confiscando el sector público la mayor parte de la riqueza producida, es correcta la afirmación de que se ha acabado el capitalismo y estamos en una Era post-capitalista.

 

El mercado financiero de productos derivados, principalmente futuros y opciones, se creó en Estados Unidos en la década de 1970 y llegó a Europa en las dos décadas siguientes, para beneficiarse de la riqueza.

La Crisis internacional de 2008 evidenció que las instituciones nacionales e internacionales no cumplían con su función de supervisión y control del sistema financiero. Las instituciones sabían lo que estaba pasando con los productos derivados y lo que iba a pasar. A pesar de ello, lo permitieron sabiendo que en algún momento iba a crear una gran crisis. Como reacción a la Gran crisis, además de crear más instituciones de dudosa utilidad, se tomaron dos medidas mundiales: en Basilea III se limitó la creación de dinero por los bancos mediante la concesión de créditos y se creó una categoría para las entidades financieras cuya inestabilidad perjudicaría a todo el sistema financiero mundial, conocida como bancos sistémicos (Global Systemically Important Financial Institutions – G-SIFIs). Se aumentaron los requisitos de cantidad y calidad de la capitalización de estos bancos sistémicos para disminuir el riesgo de inestabilidad.

 

La deuda mundial en 2017 superó los 215 billones de dólares (215.000.000.000.000 dólares), triplicando el PIB. La “capitalización bursátil” era de 73 billones de dólares y había 90,4 billones de dólares en dinero (billetes, cuentas corrientes y depósitos). El valor de los derivados rondaba los 1.200 billones de dólares. La burbuja financiera es tan incuestionable como innecesaria.

Ya se ha dicho que los bancos crean dinero mediante la concesión de créditos, como los hipotecarios. También hemos visto que toda la deuda (pública, empresas y particulares) tiene un volumen casi seis veces inferior al mercado de los derivados, por lo que es evidente que se podrían dedicar los activos destinados a los derivados para cubrir la deuda, sin necesidad de crear más dinero. Las instituciones impulsan legislativamente esta creación de dinero para concentrar más aún el dinero, enriqueciendo a los operadores financieros y empobreciendo a la mayoría de la población. Este empobrecimiento se hace para limitar las posibilidades de la población para oponerse al sistema; es una forma de defender la abusocracia.

 

En cuanto a lo que se denomina “capitalización bursátil” cabe decir que la mayoría de esas empresas cotizadas tienen un valor muy inferior a su cotización. De nuevo las instituciones han creado una burbuja financiera, mediante las leyes. Por norma, estas empresas son máquinas de acumular dinero y su valoración bursátil es una estafa piramidal hacia los accionistas. Las leyes impulsan que los empresarios profesionales estafen a los dueños de estas empresas cuando éstos no las dirigen.

La denominación “capitalización bursátil” es parte del engaño. Las instituciones han creado esta expresión, haciendo ingeniería social para impulsar este negocio de los poderosos.

El financiero más rico del mundo, en 2003 calificó a los productos derivados como “armas financieras de destrucción masiva”. Gran parte de los activos que respaldan estos derivados tienen un valor real muy inferior y está disperso en multitud de entidades financieras por todo el mundo. Cabe destacar que los productos financieros utilizan el dinero para producir dinero y, a menudo, para destruirlo. En este sentido, se podría decir que esta gran parte del sistema financiero es puramente capitalista y especulativo, a la vez que también es anti-capitalista.

 

El elevado volumen del mercado financiero secundario, la insolvencia de una parte de sus activos y su relación con el mercado primario y la banca comercial, crea este grave peligro para la economía mundial.

De forma periódica, estalla esta burbuja financiera y empobrece a quienes los políticos deciden, con la complicidad de la población. La prioridad de las instituciones financieras, nacionales e internacionales, y de los gobiernos, consiste en retrasar el estallido de la burbuja financiera y que las crisis no destruyan el sistema, pero no hacen nada para eliminarla como han dicho numerosos especialistas.

Es probable que sea necesario crear un banco público internacional, para eliminar una parte de estos riesgos financieros. Este banco público no debería tener empleados y sólo debería tener operaciones de ingresos y de pagos porque es útil para las personas y organizaciones.

 

El macro-Estado es un modelo de economía centralizada, tanto por el peso del sector público en la economía, como por su influencia como principal cliente de una gran parte de los sectores de actividad económica. El macro-Estado está más cerca del comunismo que de un sistema liberal. Por ello, es un elemento fundamental del post-capitalismo y del anti-capitalismo. Además, ha creado nuevos capitalismos que eliminan las reglas del mercado y que tienen como objetivo el enriquecimiento de una minoría y el empobrecimiento de la mayoría: la abusocracia. Estos capitalismos son anti-capitalistas por cuanto no funcionan con las reglas del mercado ni con dinero privado y son modelos de parasitismo social.

Del que más se ha escrito como tal, es del capitalismo clientelista o de amigos (crony capitalism). Las empresas y los sectores de actividad económica incluidas se benefician del poder institucional y del dinero público. A cambio los funcionarios públicos se benefician de alguna forma, generalmente cobrando comisiones y obteniendo trabajos altamente remunerados, en esas empresas, para sus familiares y amigos o para ellos mismos cuando dejan la función pública (puertas giratorias). De esta forma el negocio del poder se convierte en una prioridad institucional. Este capitalismo es especialmente decadente por el inmenso volumen económico alcanzado por el macro-Estado.

 

También se habla mucho de las sociedades subsidiadas, sobre todo en las europeas. Como en el capitalismo de amigos, se utiliza el dinero público para beneficiar a otros, pero en este caso son amplias minorías beneficiadas mediante todo tipo de subsidios y pensiones. A menudo se subsidian supuestas organizaciones no lucrativas, creadas por los propios funcionarios públicos para lucrarse. Es una forma decadente de redistribución de la riqueza, empobreciendo a toda la población con impuestos para beneficiar a estas minorías.

Estos capitalismos institucionales, incluyen operaciones de sobornos e intercambio de favores: enchufes, salarios públicos sin trabajar, subsidios, pensiones, contratas, etc.

En el clientelismo del Estado del patrocinio político de las democracias, se utiliza el dinero público para subsidiar a personas y organizaciones, a cambio de obtener votos en las elecciones.

 

Los dirigentes institucionales y las autoridades públicas son los principales usuarios de los billetes de mayor valor y de los paraísos fiscales; por eso, existen ambos.

En esta Era post-capitalista, no existe separación entre el capital y el poder (institucional, cultural, económico, social y político). El dinero se utiliza para que el poder beneficie a quienes lo tienen y el poder se utiliza para obtener dinero de forma criminal.

En esta Era post-capitalista, no es el capital quien explota a los trabajadores y a toda la sociedad, sino que son las instituciones y sus aliados quienes explotan a la gente con los impuestos para financiar estos megacapitalismos post-capitalistas. Las instituciones favorecen la concentración de poder y de dinero para dominar a la mayoría.

 

De la economía mundial puede afirmarse que sobra dinero para eliminar la pobreza, pero se han creado varios capitalismos para enriquecer a una minoría y para empobrecer a la mayoría, favoreciendo que una minoría controle a la mayoría. Se ha impulsado una decadente y peligrosa abusocracia que está instalada en las democracias de todos los países del mundo.

Al contrario de lo que dicen las instituciones, si se eliminaran los productos financieros derivados, una gran parte de ese dinero se invertiría en la economía no financiera, aumentando la riqueza y creando nuevos bienes y servicios que mejorarían nuestra vida.

Numerosos economistas afirman que no hemos salido de la Crisis internacional de 2008, por lo que en cualquier momento volverá la crisis. Dado el elevado endeudamiento público, es posible que entonces los organismos internacionales se vean obligados a restringir estos capitalismos post-capitalismo.

 

El dinero y la propiedad privada, como base para el mercado (empresarial y social), son los impulsores de la meritocracia, el talento, la emprendeduría y la innovación que hacen posible el progreso de toda la Humanidad. Por el contrario, los megacapitalismos del macro-Estado y de los productos financieros derivados son elementos decadentes y peligrosos que se han convertido en el problema de la Humanidad.

Javier Marzal
Chair de la International Association to Change the World
(Presidente de la Asociación internacional para cambiar el mundo)

www.iachangetheworld.org

 

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